
La percepción musical no es tan solo un acto auditivo. La música se escucha con todo el cuerpo. Aún más, se escucha con todos los tejidos corporales.
Las investigaciones acerca de las relaciones entre música y organismo son abundantes y extremadamente sugerentes.
Se ha probado la influencia de ritmos musicales sobre la presión arterial y los latidos del corazón. Percibimos la música con nuestra sensibilidad, con toda la gama de nuestras emociones, con nuestros instintos, con nuestros órganos y, en suma, con todo lo que nuestro sistema viviente representa.
El método fenomenológico permite describir las vivencias musicales, las sensaciones corporales de euforia, tranquilidad, armonía, agitación, angustia, soledad, erotismo, vitalidad, trascendencia entusiasmo, etc.
Podemos caracterizar ciertas músicas como capaces de activar, elevar los niveles de vigilia y atención, euforizar y energetizar, así como otro grupo de músicas son de efecto contrario e inducen a la tranquilidad, el sueño, la armonía y la intimidad.
El ser humano perdió el contacto con la música originaria e ingresó en un mundo estridente donde no se escucha a sí mismo, y tampoco percibe el ritmo de la naturaleza.
La música se filtra en nuestra alma como si fuera una lengua de agua pura y a su paso va llamando a la puerta de nuestras células y les va recordando que son luz, que son amor y que son magia.

Fuente: Revista espacio humano, de España








